Conocí a Angel S. cuando fue director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto en octubre de 1971, donde yo trabajaba desde el año anterior.
Era teniente coronel retirado y contador público. Buena persona.
En 1972 el Presidente Bordaberry lo designó Ministro de Obras Públicas, cargo al que renunció cuando aquel se transformó en el Dictador Bordaberry.
Nos cruzamos un día de 1972. Servetti era muy activo, incansable. Me contó que trabajaba hasta los domingos y esos días, a veces, iba con su chofer a inspeccionar rutas para controlar directamente el cumplimiento de los contratos de carreteras (afirmado, grosor de carpetas, etc.). Me señaló que no estaba nada satisfecho con los controles del Ministerio.
Lo felicité por su contracción al trabajo a la vez que pensaba que tenía un problema grave de control en el Ministerio, ya que esa no era exactamente la tarea que él tenía que hacer. No es efectuar él Ministro un control adicional sino reemplazar a quien debe controlar. Y parecía que resultaba difícil hacerlo.
Me acordé de ello cuando el Presidente Mujica describió – en su audición del 14 de junio de 2012 – el mismo problema, que no parecía haberse suprimido:
“Voy a poner un ejemplo, pero hay muchísimos: hace unos años, un grupo de trabajadores del Departamento de San José me visitaron donde vivimos hoy,por razones particulares. Ellos estaban trabajando en el trazado de la segunda vía de la ruta 1, que se estaba haciendo en ese entonces para dos manos y recuerdo perfectamente que me decían: “estamos haciendo una chanchada».
Esos trabajadores eran absolutamente conscientes que estaban trabajando con una gran empresa de caminería, que había licitado a favor ese trabajo público tan importante y reconocían que estaban haciendo un trabajo de porquería.
¿Por qué? Porque sencillamente, toda carretera –mucho más si es de hormigón, pero también si es de bitumen- una de las bases sustantivas es que su suelo quede bien firme, bien afirmado. Y esto significa muchas horas de máquinas que van y vienen, maquinaria pesada, cara, que a veces vale miles de pesos la hora de trabajo, para afirmar esa base sobre la cual se va a construir la carretera.

Si ese afirmado no se hace a conciencia, como las normas técnicas y la experiencia lo requieren, todo lo que se pueda hacer arriba está en tela de juicio y durará poco. Pero ese trabajo de maquinado tan caro, de reafirmado, es la parte de la carretera que no se ve, porque es lo que está abajo. Para que ello se cumpla hay que controlar y hay que estar al pié del cañón en el momento que hay que hacer ese trabajo, no cuando me informan con un papel.
Quiere decir que el Estado no tiene otra alternativa que custodiar a fondo esa etapa tan fundamental del trazado de una carretera nueva. ¿Qué pasó en esa carretera? Sencillamente, cuando usted torna del interior esa segunda mano, cuando usted viene desde Colonia, le va a sorprender por San José, que viene galopeando”, que es una carretera de hormigón, bastante nueva, ya con ondas, con pozos incluidos desde el primer momento. Y cuando se va arrimando a la ciudad va a encontrar tramos que permanentemente se están reconstruyendo a lo largo de los años. ¿Por qué? Porque sencillamente, esto no tiene más arreglo, se hizo mal desde el primer momento.
Y ¿por qué pasó esto? Esto pasó, sencillamente, porque la dirección del Ministerio de la época, hubo una figura importante, que de caminería sabía más que todos nosotros, pero estuvo 10 años, tranquilamente. Y allí entró a funcionar con una barra tranquila, de técnicos tranquilos, burocratizados, cumpliendo con los papeles estaba lindo y ya está y entonces, el Estado, que tenía que controlar, no controló o controló burocráticamente. Y las consecuencias se pagan hoy.
Pero esto no aconteció solo en esta carreta. Esto aconteció en muchísimos lugares. ¿Y qué pasó? En el fondo, se procesó, en los hechos, mecanismos de estafa en materia de calidad en las obras, al Estado. Y no estoy hablando de corrupción ni nada por el estilo. Estoy hablando de control burocrático, de control no efectivo. No puedo acusar de lo que no sé. Lo que es muy sencillo es que las normas elementales no se respetaron y no se respetaron porque el Estado falló en los controles.
Y ¿por qué falló el Estado en los controles? Precisamente por desidia burocrática. Y esta es la enfermedad. La enfermedad que uno la puede ver reflejada en un montón de lugares. Y acá no hay que echarle la culpa a los trabajadores, ni al personal de base. Esto es responsabilidad de los cuadros técnicos o medios que tenían la función de controlar. Y muy frecuentemente, por desgracia, este tipo de cosas nos tiende a pasar porque al parecer, la riqueza pública, la riqueza de todos, no necesariamente encuentra a quien con presteza y calor la defienda.”
…
“Supongamos, de la carretera estropeada de la cual estamos hablando, hoy hay decenas de trabajadores que están trabajando permanentemente en reparar esa carretera que se destroza, desde Capurro a la barra de Santa Lucía, que creo que se van a jubilar yendo de un tramo para otro, trabajando años. ¿Por qué? Porque sencillamente ese trabajo se hizo mal de entrada, no se corrigió de entrada, no hubo controles de entrada. Y durante muchos años, a lo largo de mucho tiempo, el pueblo uruguayo estará pagando impuestos para remendar un trabajo que se hizo mal de entrada.
Quiere decir que, en última instancia, cuando decimos eufemísticamente “Estado”, el que se está perjudicando es el pueblo uruguayo que paga impuestos inútiles, que se podrían gastar en otras cosas útiles…”
Un buen control independiente permite ahorrar millones, que escasean para otros fines, pero cuánta resistencia levanta…