¿Me va a despreciar, Contador?

Muchas veces los funcionarios tienen problemas y deambulan por oficinas, buscando soluciones que el legislador ya previó y generó, sin encontrar respuestas adecuadas en la Administración.

Y, a veces, el funcionario quiere agradecer su solución de formas muy curiosas, que evidencian los problemas de control en el Sector Público.

Trabajaba de Director de Cargos y Salarios en la Oficina Nacional de Servicio Civil en 1987 y un funcionario de Aduanas me solicitó audiencia.

Tenía la sana costumbre de atender acompañado con un técnico (que en realidad actuaba de testigo; si no estaba el Dr. René K. u otro, llamaba a mi secretaria y la presentaba como ayudante técnica; más vale prevenir que curar).

El funcionario era de Aduanas, trabajaba en Montevideo y su esposa, que era enfermera, en Castillos. Me explicó que quería poder convivir con ella y para ello debía trabajar en Rocha.

Como la ley otorga ese derecho no había más que aceptar la solicitud y llevarla a la firma, así que le dije que se iba a tramitar de inmediato lo cual puso feliz a esta persona e intercambiamos los tres unas breves y banales palabras.

En un momento le digo, bromeando: “Dígame ¿estará de acuerdo su esposa? ¿trajo la constancia de ella? Y terminé la entrevista.

Al día siguiente ya se había elevado la Resolución de Traslado y estaba a la firma.

La semana siguiente se presenta el funcionario y me trae una ingenua carta donde su esposa declara estar de acuerdo con que su marido pueda vivir con ella. No me atreví a explicarle que había sido sólo un comentario jovial. En la papelera quedó la misiva.

Unos diez años después fui con mi hijo Gonzalo a visitar el Fortín de San Miguel en el Chuy (Rocha) y en el puesto de Aduanas de la Ruta 19 me para un aduanero, me reconoce y me dice:

“Contador, ¿cómo está? ¿se acuerda de mí? gracias a Usted pude volver a vivir con mi esposa»

“¿Qué tal? ¿todo bien?”

“Pase por acá, Contador. Quiero presentarle a mis compañeros a quienes les he contado tantas veces que Usted me cambió la vida. Pase, por favor.”

Cuando logré terminar el ceremonial habitual con sus solidarios compañeros y voy hacia el auto me dice: “Contador, Ud. puede traer lo que quiera por acá”

“Mire, no pienso traer nada, nunca lo hago”

Y me dice, casi ofendido, “¿Pero Contador, me va a despreciar?”

Al volver del Fortín, abrimos una caja de garotos que había comprado antes en el Chuy, convidé a los aduaneros y les agradecí que me dejaran pasar las compras que NO había hecho y NO iba a hacer.

No quería defraudar al agradecido funcionario. Quedó muy contento.

 

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