La Siberia del Ministerio

Un día de determinado año me derivaron al Presidente de la Comisión de xxxxxxxxxxxxxxxx Nación, gran persona, con un problema de gestión administrativa.

Me cuenta que se perdían los expedientes en la Oficina, a pesar del reducido tamaño de su organización.

Lo primero que hay que hacer, en estos casos, es cuantificar el problema, por lo que le hice tres preguntas básicas para que me respondiera “a ojo”:

  • ¿Cuántos expedientes le entran por día?
  • ¿Cuál es la duración promedio del trámite de los expedientes?
  • ¿Cuántos empleados administrativos tiene?

Contestó: 1 o 2 por día (Nota: eso es el flujo de expedientes), unos tres meses, 22 funcionarios.

Un cálculo rápido permitía estimar el  stock de expedientes entre 60 y 120, con reducidos movimientos internos y sugerí:

“La solución es dejar un solo funcionario a cargo de los expedientes y sacarse de arriba a los innecesarios”

Contestó; “No puedo, son los que manda el Ministerio para sacárselos ellos”.

A lo que contesté que “ese era el tipo de problemas que no se podían resolver a nivel técnico”.

Y es un gran problema, no el de los buenos funcionarios, sino el de aquellos que son haraganes o inútiles.

Una persona escribió hace tiempo: “…el error de crear privilegios en favor del empleado público, haciendo del empleo una propiedad de la que no puede despojársele sin una causa bastante grave para dar mérito a un juicio. De esa manera las nulidades y las ineptitudes que sucesivamente van injertándose en la Administración, continúan siempre en ella, pesando como una grave carga sobre la Nación…”.

Fue JOSÉ PEDRO VARELA en la primera parte de “La Legislación Escolar”, que se llams “Del estado del Uruguay y sus causas”, 1876.

Hace siglo y medio.

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