Esta joyita burocrática fue presentada en el Gran Premio Nacional de la Burocratez en 1992. Tan breve como perfecta.
Era sólo una constancia emitida por la Bedelía de la Facultad de Derecho de no importa cuál Universidad.
Joyita por lo breve, ya que en sólo 19 palabras lograba condensar la esencia del espíritu burocrático.
Resultaba que los estudiantes suelen necesitar una certificación de los exámenes dados para presentar en sus empleos y justificar horarios y salidas, etc.
Dicha constancia, luego de presentar la información de exámenes cuya certificación se solicitaba, concluía:
“A pedido de parte interesada, se expide la presente constancia, cuyos datos contenidos, salvo error u omisión, son ciertos”
Un filósofo de la lógica consideraría muy interesante eso de que lo que se afirma es cierto, excepto que no lo sea.
Un observador pragmático diría que no tiene importancia ya que tal constancia era aceptada por alguna oficina destinataria, sin mayor problema ni cuestionamiento a la afirmación realizada.
Un antropólogo estudiaría a fondo esa cultura burocrática que padecemos.