El complejo invento en los años 80 de la equiparación salarial en la Administración Central parecía perpetrado contra el organismo Dirección Nacional de Aduanas, ya que se había planteado su estructura de grados y sus correspondientes sueldos como la meta “igualitaria” y “justa” de la Administración; que todos los organismos tuvieran su estructura de grados y sueldos básicos.
Su Tabla de Sueldos comenzaba en el nivel 1 y terminaba en el nivel 12 y no alcanzaba los 7 niveles siguientes (Extra 1 a Extra 7). Alguien decidió que los sueldos de Aduanas fueran la referencia para equipararse salarialmente todos los funcionarios de la Administración Central. Nótese que la equiparación al grado no es una equiparación de “a igual función, igual remuneración” sino una de ”a igual grado, igual sueldo básico”.
Sucedía que en Aduanas el cargo grado 12 “equiparante” (de referencia para equiparar) era un Director de División y el cargo “a equiparar” grado 12 podía ser un Administrativo común con algo de antigüedad.
Por tanto, ese Administrativo común grado 12 de un organismo terminaría ganando lo mismo que un Director de División grado 12 de Aduanas. Era una especie de lotería.
Durante cinco años se fueron otorgando aumentos de sueldos que más o menos compensaban la inflación (por ejemplo, 10%), pero dichos aumentos se dividían en dos partes, una general (8%) que percibían todos y un 2% que se distribuía entre aquellos cuyos sueldos no alcanzaban el del grado de la famosa Tabla de Equiparación. Los primeros perdían poder adquisitivo en cada aumento.
Era un procedimiento interesante para el Estado. No le costaba nada. Le sacaba a los que tenían grado bajo y sueldo alto y le daba a los que tenían grado alto con sueldos básicos bajos.
Era obvio que un día se iba a cortar el invento y no habría más aumentos de “equiparación salarial”.
En ese lustro hubo una transferencia multimillonaria de ingresos reales entre unos y otros grupos de funcionarios sin racionalidad y, por supuesto, sin llegar al objetivo.
Los funcionarios de Aduanas se quejaron de su pérdida salarial, su Dirección se quejó y me tocó a mí analizar la curiosa situación de esa falsa equiparación. Les di la razón por lo expuesto anteriormente.
En febrero de 1985, con OK del Hotel Columbia, cuartel del electo Presidente Julio María Sanguinetti, se aprobó una nueva estructura salarial en Aduanas, se compensó la injusticia, incluso con una reducida retroactividad. Muy contentos ellos.
Tanto que en marzo sus autoridades nos invitaron a un asado de agradecimiento.
Ya había asumido el nuevo Ministro de Economía y una de sus primeras medidas había sido implantar el Cero Kilo para el contrabando, con cierto perjuicio menor para mí que estaba afiliado a la compra de “tres garotos por diez nuevos pesos” (confieso, a veces seis garotos), en mi trayecto por 18 de Julio entre la OPP y el MEF.
Mientras prosperaba el asado hacíamos amplios honores a Escocia y dialogábamos y bromeábamos el Director saliente, el Director entrante, Atilio S. y yo.
En el momento en que comencé a decir “Ustedes me han perjudicado con el cero kilo; tengo que traer un camión…”, no me dejaron terminar de decir “…un camión de garotos del Chuy” cuando me dicen: “Cuando Usted ordene, Contador”.
Nunca supe si me seguían la broma o si era en serio.
Aunque siete años después tuve otra experiencia de similar índole en la Aduana, la cual contaré en otra ocasión.