La licencia por enfermedad en la Intendencia

Sucedía en la Intendencia de Salto lo mismo que en los demás organismos públicos: un abuso en la licencia por enfermedad por parte de algunos funcionarios. Era 1986 y el Intendente era el Esc. Eduardo Malaquina.

El Director Médico del Servicio de Salud Municipal era un técnico ordenado y metódico. Había organizado muy bien el archivo de licencias médicas otorgadas desde que se hizo cargo de esa dependencia.

Cuando se planteó el problema de algunos abusos en esas licencias, comenzamos a hacer un estudio rápido, gracias a su información, mediante una clasificación en base a dos criterios:

  1. “Estacionalidad”: día de la semana en que se presentaba la enfermedad y encontramos funcionarios cuyas enfermedades coincidían “excesivamente” con los días “sandwich” y con los viernes.
  2. Tipología”: presentaban síntomas de difícil comprobación como diarrea, dolor de espalda, mareo, depresión y similares.

Un número reducido de funcionarios (52 en 1.200) quedó clasificado informalmente como “enfermizo a controlar”.

Se instruyó al Servicio de Inspectores para que los controles a domicilio se concentraran en esos 52 funcionarios, dejando a los “no enfermizos” con un mínimo control aleatorio ya que – de hecho – se “autorregulaban”.

Complementaria se comenzó a retener en el Servicio Médico y “en observación”, a los 52 “enfermizos” si se presentaban a certificarse en las primeras horas de la jornada laboral, luego de marcar la entrada a su oficina.

Con estas dos medidas, rápidamente mejoramos la salud de los “enfermizos”.

 

Los buenos funcionarios, quienes a veces van a trabajar algo indispuestos y que tienen que hacer el trabajo que no hacen los “enfermizos”, estaban ENCANTADOS.

 

 

La solución pasa, simplemente, por un sistema de incentivos y desincentivos con voluntad de aplicarlo y sin discriminación política

 

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