Uno de los usos habituales de las reestructuras presupuestales en la Administración Pública son los cambios de escalafón de los administrativos con título universitario al escalafón Técnico Profesional, aunque tales cargos no sean necesarios para el organismo. Esa razonable aspiración de los funcionarios estudiantes colide con las necesidades y la realidad presupuestal del Estado y, por ende, del Uruguay.
En las reestructuras del 86 (Ley 15.809) surgió masivamente la solicitud de regularizar a esos profesionales que tenían un cargo administrativo o similar. Los instructivos pedían presentar una justificación de la necesidad y, en general, no la había desde el punto de vista de la gestión, pero sí desde el humano.
Cuando se comenzaron a frenar las solicitudes de cambios de escalafón, los delegados del Ministerio de Economía manifestaron que ellos querían cargos profesionales (escalafón A) para todos los funcionarios propuestos por ellos en ese organismo.
Demasiada presión para la División Cargos y Salarios de la ONSC. Así que les dije al estilo “tupa”: “Cambio a escalafón A para todos los Incisos o para ninguno”, esperando que se bajaran del pedido. Salió para todos.
Entre varios grupos de funcionarios aspirantes a cambio de escalafón que se presentaron a reforzar el pedido en la Oficina, me acuerdo en especial del de Correos. Una docena de ellos invadió mi despacho y me plantearon su aspiración. Les pregunté quién ejercía tareas profesionales en su organismo y todos admitieron que ninguno. Buena gente. Luego de ello les informé la nueva directiva y que, de acuerdo con el procedimiento establecido, iban a tener que hacer una declaración escrita de cumplir tales tareas, avalada por su organismo.
Ninguno tenía inconveniente en la declaración excepto una abogada que me dijo que no firmaba tal declaración. Le expliqué la consecuencia de la negativa y se mantuvo en su decisión. Firme y decidida. Como resultado no pudo transformar su cargo, pero me acordé de ella y su honestidad y cuando tuve oportunidad, un año después, la recomendé y fue redistribuida a otro organismo donde necesitaban un abogado y pudo finalmente acceder en forma correcta al cargo profesional.
En esas entrevistas con funcionarios resultan muy útiles preguntar cosas así: “qué cosas le disgustan más de su trabajo? y ¿qué cosas se podrían mejorar”, pregunta que no suele hacerse a los funcionarios. Siempre me asombró la noción clara de mejoras posibles en sus organismos que tiene la mayoría de los funcionarios. Y me asombra más que no se pregunta.
Por ejemplo, la entrevista con esos funcionarios de Correos: en esos años habían aparecido en el mercado las tarjetas musicales que emitían sonidos al abrirse.
Uno de los muchachos manifestó que lo que más le desagradaba al clasificar las cartas (trabajaba en la parte Internacional) era tener que esconder la mirada cuando escuchaba esos sonidos, porque era señal que alguien abría cartas buscando remesas de dinero provenientes del exterior, ya que ver eso le podía generar riesgos físicos importantes.