Papel higiénico y toallas de papel

En muchos documentos de Reforma del Estado se señalan ejemplos de la adopción de medidas intrascendentes de ahorro de recursos, como ser eliminar el café, sin analizar – aunque sea unos minutos – ventajas y desventajas de la medida.

En mi primer día como Director en ATYR-BPS (año 1997) llegué a las siete de la mañana para conocer realmente cómo funcionaban ciertas cosas de la Administración en horarios no hábiles.

De varios problemas que encontré esa mañana, el peor fueron los baños. En el piso había charcos de agua y papeles fanfold por doquier, los cuales a veces tapaban desagües.

Resulta que una ingenua medida de ahorro había sido eliminar el papel higiénico y las toallas de papel de los baños, con lo que consiguieron que muchos funcionarios llevaran el papel que tenían a mano, que muchas veces era el costoso fanfold de las primeras impresoras, para secarse o alfombrar el piso.

Como el fanfold era resistente y difícil de disolver, los caños se tapaban y había que contratar a un sanitario externo, ya que no había en el edificio.

El costo del servicio contratado y los perjuicios eran superiores al ahorro obtenido con dicha supresión. Y no incluyo en la ecuación el costo más importante que es la reacción humana del funcionario ante el maltrato que le da la Administración.

Eso sí, encontré el tradicional papel higiénico y toallas de papel en el baño de la Dirección, al lado de la sala de reuniones.

Diferencia vergonzosa con sabor feudal.

Emití una Orden de Servicio, con un toque “tupa”, en la que explicaba que era razonable que la cabeza de dirección tuviera un trato diferente en lo que refiere a su función (por ejemplo, sala de reuniones), pero en cuanto al otro extremo (el trasero, seamos claros) éramos todos iguales así que iba a haber “papel para todos o para nadie”.

Y explicaba la irracionalidad económica del ahorro negativo que se sufría.

Conseguí que lo suministraran.

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