Ocurrió el 23 de junio de 1993 en una oficina pública de la Ciudad Vieja, según relato publicado en El País, el viernes 3 de setiembre de 1993, página 11.
Dice el cronista del episodio:
«Sucedió el 23 de junio pasado a la salida de una oficina pública de la Ciudad Vieja, que se caracteriza por contar con numerosos gestores que mantienen un trato cotidiano y cordial con sus amables funcionarios.
Las normas que rigen el contacto entre funcionarios y gestores son estrictas, debido a la naturaleza de los trámites que se efectúan en ese organismo: no se pueden sacar expedientes de la oficina, aunque se prestan los mismos a los gestores para sacar fotocopias, en un servicio que se presta dentro de la misma.
Una tarde llega a esa oficina su Jerarca, hombre joven, de más de 1.80 metros de atlética estatura, y constata que un gestor sale del local portando varios expedientes, de esos que precisamente estaba prohibido retirar.
Lo comienza a seguir para saber a dónde iba. El gestor, de pronto, se da cuenta que alguien lo sigue, se da vuelta y a pocos metros ve al Jerarca con expresión no demasiado amistosa. Decide cruzar. El Jerarca cruza también. Decide acelerar el paso. El Jerarca acelera también. Decide correr. El Jerarca corre también, seguro de su ventaja deportiva, ya que es jugador de rugby.
| Los transeúntes de la Ciudad Vieja vieron esa tarde una extraña carrera burocrática entre un individuo cargado de expedientes y un Jerarca cargado de aviesas intenciones. | ![]() |
Nadie que no lo haya visto puede calcular la velocidad capaz de desarrollar un gestor cargado de expedientes cuando es perseguido por el Jerarca responsable de dichos expedientes y de dicha oficina. Es realmente asombrosa. Posiblemente haya batido algún récord del Guiness. En escasos doscientos metros logró perder de vista al frustrado velocista. Porque el jugador de rugby ignoraba que estaba compitiendo con un gestor que, además, era entrenador deportivo….
Posteriormente se supo que la falta del gestor era menor ya que la fotocopiadora del local estaba descompuesta y sólo llevaba los expedientes a un servicio cercano de fotocopias para reproducir unas resoluciones de su interés. Sólo recibió una sanción leve».
