Entré a la sede del Programa Nacional de Desburocratización como un día normal, si es que hay algo normal en la tarea de simplificar el Estado.
Mi secretaria me dice que habían venido a verme el Ministro de … y su Subsecretario y que estaban recorriendo la amplia oficina donde estábamos y en la cual nos sobraba espacio.
Los encuentro y les pido excusas por no saber que ellos iban a concurrir, a lo que me cortaron diciendo que habían venido sin avisar porque el Presidente los había enviado a hablar conmigo.
Me contaron su problema en forma muy jovial ya que el Ministro tenía un fino humor.
Comenzó diciéndome, casi riéndose, “Mire, Contador, nos estafaron”. Les contesté que en tal caso tenían que ir a hablar con el Jefe de Policía Díaz.
Y continuó algo así “Me estafaron, crearon este Ministerio y nos nombraron Ministro y Subsecretario y no tenemos oficina, no tenemos personal y no cobramos sueldo. Por lo menos yo cobro el subsidio de legislador, pero este no cobra nada. Nuestras señoras se burlan de nosotros. No sé qué hacer, quizás renunciar…”.
No me extrañaba un problema así. Una característica de este País es aquello de “Ley aprobada, problema solucionado”. Se había creado el Ministerio y no se había previsto su funcionamiento, antes de la designación de autoridades. No era el único caso de imprevisión de esas características que conocía.
Les ofrecí albergue en nuestra oficina, pero les advertí que el estilo de ella no era propio de una sede ministerial. Que la había amueblado con muebles viejos de AFE que nos habían prestado, que el espacio les iba a quedar reducido muy pronto y otros inconvenientes para ellos y para nosotros que preveía.
También les dije que la solución era muy simple y rápida.

El sector público tiene miles de inmuebles y jamás ha podido contar con un Registro razonablemente completo de sus propiedades, aunque hace más de 80 años se legisla al respecto. Registro que no le resulta grato a muchas dependencias. Y muchos de esos inmuebles están vacíos o desaprovechados o destinados a fines no estatales (por decirlo con delicadeza, como se puede ver https://www.memoriasdelaburocracia.uy/las-herencias-yacentes-y-los-ninos/
Entre varios ofrecimientos de locales que algunos Jerarcas me habían hecho para instalar el PRO.NA.DE., el mejor para el flamante Ministerio era la segunda planta amueblada de un hermoso Museo que se encontraba desocupada y que iba a ser suficiente hasta que lograran el local definitivo.
Les sugerí que no pidieran una partida de inversiones para compra de inmuebles en la próxima ley de contenido presupuestal y que buscaran un inmueble que ya estuviera en poder del sector público. Les indiqué varias sedes bancarias (de bancos fundidos, obviamente) y que podían conseguir que el pago se imputara a las cuentas pendientes que tiene el Estado. Y así fue.
El tema de los sueldos se solucionó gestionando un Anticipo de Tesorería y el de los gastos corrientes con otro Anticipo diferente.
Y el Señor Ministro logró salir de la maraña burocrática.