El sector público suele generar regulaciones, propiciadas por algunos, poco estudiadas al inicio y menos evaluadas en sus consecuencias.
A veces esas regulaciones responden a intereses creados, a veces solo a que nadie es responsable de la evaluación de sus efectos, los cuales, de una u otra forma pagamos todos.
Este es un ejemplo real, de sobreprotección a los productos “nacionales” en las compras estatales, con un sobrecosto anual actualizado de unos US$ 100 millones para las Empresas Públicas. Lejano en el tiempo y cercano en sus analogías.
Los compradores estatales sufrían el pago de un sobreprecio de hasta 69,4% por adquirir un producto que afirmaba ser “100% producción nacional” respecto al competidor importado.
Primer beneficio: en la comparación de precios en la licitación no se computaba el 21% de IVA (1988) para el bien “autodeclarado” 100% nacional
Segundo beneficio: se otorgaba una protección del 40% sólo a la parte del producto que era valor agregado nacional. En los hechos, aparecía una certificación del producto estableciendo que podía considerarse como “100% nacional” (por ende, 100% valor agregado nacional), a pesar de que los insumos importados fueran el principal componente del precio final y que, en la paramétrica de ajuste solicitada por el vendedor, tuviera fuerte peso el dólar y no los salarios.
El precio del bien “nacional” llegaba a ser hasta 69,4% (1.21 x 1,4) más que el importado, que ya estaba pagando aranceles de importación. Una protección nominal adicional muy alta; una protección efectiva excluyente, casi infinita.
Este abuso, que nacía de las regulaciones irracionales y pagábamos todos en las tarifas, se cortó con el Decreto 392/990 y art. 6 de la Ley 16134 de 24/sept/1990.
Un resumen del informe sobre este caso puede leerse en “La protección a la Industria Nacional en las compras del Estado. 1989”.
¿Cuántas regulaciones irracionales siguen pagando los uruguayos a costa de un menor ingreso, una menor inversión y grandes frustraciones? ¿Alguien está a cargo de su evaluación y mejora ?
A fin de ese año, en una reunión de las habituales de esas fechas, me encontré con un conocido, que era el Gerente General de una de las empresas afectadas por este cambio del régimen de protección. Y al comentar dicho cambio me dice algo así: “no hay problema”, “mientras duró, duró”, “ahora hay que seguir con otros negocios”. La tenía clara ese empresario.
En cambio, hay otros que realmente se sienten acorralados porque no tienen otras opciones y se resisten tenazmente. En este caso y en tantos otros. Suele ser conveniente preservarles alguna vía de salida, ayudarlos a salir. Puede ser conveniente ganar al 90% y no al 100%. Y el otro 10% ganarlo algún año después.
Eso de tener una vía de salida lo aprendí de joven cuando la Guardia Metropolitana nos perseguía para disolver alguna manifestación y lo hacían generalmente dispersándonos a una zona bien despejada.
Aparecía una “chanchita” (un móvil de transporte policial) y bajaba un pelotón de 8 señores, con “palitos de abollar ideologías” (al decir de Mafalda) comandados por un guía. Hacían una fila india y corrían a centenares de personas sin acercarse excesivamente, ya que así nos alejaban, nos dispersaban hacia donde había una salida.
Si te acorralan contra una pared, te das vuelta y ya es otra la situación.
Son más peligrosos los acorralados, sin opción, que aquellos que han diversificado sus riesgos y/o prebendas.