Veinte años luchando para escriturar

Quizá jamás se escriture la casa. Al mes de junio de 1994, fecha de este relato, Héctor Etcheverrigaray, un ciudadano de ascendencia vasca radicado en Juan Lacaze, había perdido veinte años de su vida tratando de que el Estado cumpliera con lo acordado. Infructuosamente. De hecho, en 1994 el Estado no ha escriturado la casa que construyó para vivir con su esposa. Había pensado en escriturarla a nombre de ella, pero su esposa ya falleció.

Etcheverrigaray recibió en 1993 el Gran Premio Nacional de la Burocratez, pero toda la publicidad que recibiera su largo peregrinar por la negra selva burocrática, no la mejoró ni la resolvió.

Adquirió su vivienda en el Complejo Habitacional L 5 de Juan Lacaze y prefirió pagarla prácticamente al contado el 19 de agosto de 1974, amparado en el Decreto 896/973.

Once años más tarde, el 30 de agosto de 1985, se le cobra una presunta deuda por «mayores costos», todo ello en medio de irregularidades y de anomalías de diverso tipo.

A solicitud del PRO.NA.DE. (Enrique Alonso Fernández, quien colaboró en esta redacción en aquella época), Etcheverrigaray elaboró un listado con el conjunto de gestiones realizadas hasta junio de 1994, con una estimación de los gastos en que debió incurrir.

-Entrevistas realizadas: entre 74 y 85, incluyendo audiencias con 33 jerarcas y profesionales.

-Oficinas a las que debió concurrir: 29

Sin incluir los diálogos con funcionarios administrativos o que atienden mostradores, se presentó ante:

-Seis abogados

-Dos arquitectos

-Cuatro gerentes

-Tres Departamentos Jurídicos

-Cinco escribanos

-Tres ingenieros

-Un Jefe de Sección Cobranzas

-Dos Interventores de Ente

-Cuatro Agrimensores

-Tres miembros de Directorios

-Dos Jefes de Sección Títulos

-Un jerarca del entonces ESMACO

Aunque los totales no representan íntegramente la realidad, sino apenas una aproximación, Etcheverrigaray habría gastado unos $ 9.400 (de la época), en viajes, traslados, gastos originados por expedientes, pago de los honorarios de tres abogados y un escribano, etc.

Debió soportar 540 horas de viaje en ómnibus interdepartamentales, unas 300 horas en distintas oficinas y un tiempo indefinible gastado en sufrimiento personal y familiar, incertidumbres, ansiedades, frustración, convicción de padecer un despojo.

¿Qué había sucedido? Compró al Estado, a través de INVE (Instituto Nacional de Viviendas Económicas) una vivienda que el Estado se negaba a escriturar a su favor, o a favor de quien Etcheverrigaray disponga.

Todo parece haber comenzado en sólo un error. Apenas un error, cometido por una persona. Tal vez varias. Error que nadie advirtió y si se advirtió, no se corrigió a tiempo.

El complejo habitacional L 5 de Juan Lacaze fue construido parcialmente por donde debía existir una calle algún día. Por eso, en este complejo, los cables de energía eléctrica no están dispuestos como en todas partes, pasan por el medio de las viviendas.

Desde entonces, decenas, cientos de burócratas han tejido y destejido durante veinte años el expediente en el viejo “telar de Penélope”. Y seguirán haciéndolo. “Odiseo” Etcheverrigaray sigue luchando, todavía (Nota: hasta 1994), contra los demonios burocráticos.

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